sábado, 23 de febrero de 2013

Hollywood en Don Torcuato (Segunda parte)

Por Andrés Fevrier (Periodísta y escritor del sitio Cinematófilos)

De magos, espadas, rubios musculosos y mujeres con poca ropa.

El ítaloamericano James Sbardellati no tenía experiencia como director. Cuando llegó a Argentina, en el verano de 1982, sus únicos antecedentes habían sido como asistente de dirección en un par de producciones de Roger Corman. Tal vez por eso se la pasaba gritando. Daba sus órdenes de muy mala gana, como si se tratara de un genial artista de larga trayectoria.
Una tarde, mientras se filmaba una escena en uno de los patios de los Estudios Baires, el director de fotografía, Leonardo Rodríguez Solís, propuso utilizar una pantalla reflectora de la luz solar para iluminar el rostro de los protagonistas. Para eso había que subirse a alguna de las dos torres que formaban parte del decorado. El personal técnico se negó: el endeble estado de las estructuras no ofrecía seguridad para trabajar. El rodaje se detuvo entonces unos minutos mientras el Sol comenzaba a ocultarse.
Sbardellati, muy atento a que los costos y las fechas de producción se cumplan al pie de la letra, se puso loco. Insultó en inglés y a los gritos a todo el mundo y trepó a una de las torres. Como para demostrar que esos sudacas eran unos cagones, al llegar a lo más alto comenzó a saltar con furia. Cuando bajó, con aires triunfales, ordenó retomar el trabajo. Ante semejante demostración de coraje un técnico se animó a subir. Unos minutos después, ya en plena filmación, el viento sopló un poco más fuerte y la torre se desplomó: milagrosamente no hubo muertos, pero el valiente argentino que estaba arriba pasó varios meses en el hospital.
La anécdota la cuenta Diego Curubeto en Babilonia Gaucha. Corresponde a la filmación de El cazador de la muerte (Deathstalker, 1983), la primera de las coproducciones que Corman y Aries Cinematográfica Argentina realizaron en el país en la década del ochenta, y da una idea sobre cómo se desarrolló esta curiosa asociación. En la entrada anterior se habló de los tres policiales dirigidos por Héctor Olivera. En esta segunda parte se hará eje en las películas del subgénero de espadas y brujerías, sin dudas lo más bizarro, berreta y divertido de toda esta historia.

Una conejita en Buenos Aires


Como ya se dijo, estas producciones intentaban colgarse del éxito de Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, John Milius, 1982). La cuestión se potenció con el estreno de Conan, el destructor (Conan the Destroyer, Richard Fleischer, 1984), de nuevo con el inflamado Arnold, esta vez acompañado por Grace Jones y el ex NBA Wilt Chamberlain. Pero mientras el hoy ex-gobernador de California se convirtió en una estrella, el protagonista de Deathstalker nunca trascendió: Rick Hill, un ignoto grandulón platinado al estilo He-Man, tiene como punto más alto de su curriculum un papelito mínimo en Mentiroso mentiroso (Liar Liar, Tom Shadyac, 1997), la de Jim Carrey.


Aunque Hill encabezaba los créditos la verdadera estrella de la película era la playmate Barbi Benton, ex esposa de Hugh Hefner [1], que contaba varias apariciones en la revista del conejito. Bernard Erhard, pelado y con un tatuaje en la cabeza, hizo de malo. Y Richard Brooker, que venía de interpretar al enmascarado Jason en la tercera parte de Martes 13 (Friday the 13th Part III, Steve Miner, 1982), fue una especie de segunda guitarra de Hill en la ficción y además se hizo cargo de las coreografías de las peleas.
La película arranca con un contrapicado que juega con las luces y las sombras, lo que demuestra ciertas pretensiones visuales. Pero el film nunca pasó de allí, y encima el guión es por demás chato, casi una excusa para el desfile gratuito de culos y tetas. Claramente el afiche, obra del peruano Boris Vallejo, promete mucho más de lo que la película ofrece [2].
Un rey destronado le pide a Deathstalker (Hill) que lo ayude a recuperar su reino, ocupado por el malvado Munkar (Erhard). "Hace falta un héroe", le dice. "O un estúpido", responde el rubio. Pero luego la bruja Toralva le explica a Deathstalker que tiene que unir los tres poderes de la creación. En eso también anda Munkar, a quien sólo le falta una espada y organiza un torneo de lucha como ardid para conseguirla.
En el camino de nuestro héroe se unirán Oghris (Brooker) y Salmaron (el argentino Augusto Larreta). Y en un momento se cruzarán con una rubia de un metro ochenta y pronunciadas curvas que venía de ser extra en la Scarface de Brian de Palma y luego tendría más acción junto a Corman y Olivera. Pero de ella nos ocuparemos más adelante.


Entre los argentinos, además de Larreta tiene un papel de cierta relevancia Víctor Bo como Kang, uno de los malos que sobre el final enfrenta a Deathstalker. En la pelea resulta decapitado, pero su cuerpo continúa moviéndose unos segundos. El extra que interpretó al Bo sin cabeza fue Curubeto, lo que explica en gran medida la cantidad de curiosidades y datos de color que incluye en su libro.
Hay más locales en el elenco: Marcos Woinsky, a quien Munkar transforma en mujer para engañar a Deathstalker; un joven Boy Olmi; brevemente, sin diálogos y con menos ropa, Susana Romero (antes de la recordada publicidad de Jockey Club) y Marina Magalí, que había debutado con Leonardo Favio en Nazareno Cruz y el lobo (1975); y la ex Gambas al Ajillo Verónica Llinás, hoy de extensa y reconocida trayectoria en cine, teatro y televisión. Arevalo, el fortachón que tuvo su cuarto de hora con las pulseadas televisivas de Gerardo Sofovich, encarna a un revulsivo hombre-chancho.

También hubo unos cuantos argentinos en los rubros técnicos: Oscar Cardozo Ocampo (música), María Julia Bertotto (vestuario), Emilio Basaldua (dirección de arte). La escena del bacanal, una de las más entretenidas de la película, demuestra que su trabajo no estuvo mal, a pesar de las varias limitaciones.
Sbardellati, el gritón, no tuvo demasiada suerte en su debut como director: Corman lo despidió durante la posproducción. Por eso en los créditos figura con el seudónimo de John Watson, algo que decidieron de común acuerdo.

Kung Fu in the pampas


La segunda película de Corman en Argentina fue sin dudas la mejor, aunque siempre dentro de un panorama bastante pobre. Dos cuestiones explican el salto (más bien saltito) de calidad. Por un lado, se trata de una remake de Yojimbo (1961), el clásico de Akira Kurosawa que ya había sido reversionado como spaghetti western por Sergio Leone en Por un puñado de dólares (Per un pugno di dollari, 1964). Por otro, John C. Broderick era un director con más experiencia, ideas y oficio.
Corría el otoño de 1983. Luis Osvaldo Repetto, uno de los dueños de los Estudios Baires Film S.A. [3], era aficionado a la equitación y solía salir a pasear a caballo por el parque de Don Torcuato. Una tarde, mientras cabalgaba se topó con una joven estadounidense que caminaba por las instalaciones. Charlaron unos instantes de trivialidades hasta que Repetto, galante, la invitó a montar. La poca experiencia de ella en estas cuestiones no ayudó y se fue de boca contra el piso. El golpe fue mínimo en comparación con la reacción posterior del novio de la chica, que cuando se enteró del incidente, tal vez en un ataque de celos, golpeó con tanta fuerza una de las paredes de su camarín que terminó con la mano fracturada.
Esto explica que David Carradine, el protagonista de El guerrero y la hechicera (The Warrior and the Sorceress,1984) editada aquí en VHS por Video Latino Americano bajo la marca Vestron Video (en España se la conoce por su primer nombre: Kain, del planeta oscuro), aparezca con un guante negro y puntiagudo en su brazo derecho durante toda la película: había que disimular el yeso. Aunque siempre fue un clase B (al menos hasta que lo rescató Quentin Tarantino en 2003 con Kill Bill), por el éxito de la serie Kung Fu Carradine era visto como una estrella en Argentina y su llegada causó bastante revuelo [4].


Corman pasó esta vez mucho más tiempo en Buenos Aires y demostró cuáles eran sus intereses: absolutamente ninguno, siempre y cuando la producción no se saliera de presupuesto. Broderick confirmó así que su obra no pasaría a la historia: sus ideas chocaron casi siempre con las limitaciones de recursos. Le habían prometido que los exteriores se filmarían en el Valle de la Luna, pero en San Juan sólo se rodaron algunas breves escenas que se usaron en el comienzo, mientras pasan los títulos, con un extra vestido como Carradine. El resto se hizo en las canteras del Ejército en Campo de Mayo.


-Imágenes de la película y portada del VHS editado por Vestron Video en USA.

Los personajes son aquí bastante más ambiguos y profundos. El film gira en torno a las tensiones entre dos grupos, liderados por tiranos, que se disputan el único pozo de agua potable del planeta desértico. Cuando llega Kain (Carradine) comienza a jugar a dos puntas y, con la ayuda de una espada mágica, termina destruyendo a los dos.
Los líderes de los bandos son Luke Askew, que siempre será recordado como el hippie que les hace dedo en la autopista a Henry Fonda y Dennis Hopper en Busco mi destino (Easy Rider, 1969), y el argentino Guillermo Marín, que en los créditos aparece como William Marin. Anthony De Longis, que tuvo más trascendencia como stunt que como actor, interpreta al lugarteniente de Askew.
La hechicera del título es una chica de poco más de 20 años que tuvo abundante participación en estas coproducciones: María Socas, que se pasa toda -cuando digo toda no estoy exagerando- la película en tetas. Y hay más compatriotas: Miguel Zavaleta, líder de Sueter, y Hernán Gené como dos guardias asesinados por Kain, y Cecilia Narova (Cecilia North en los créditos) como una exótica y sensual bailarina con dos pares de senos [5].

-Póster primitivo de The Warrior and the Sorceress con su nombre original.

También hubo una participación argentina de lo más curiosa: Walter Donado, un ex combatiente de Malvinas que desde hace años se encarga de conseguir animales para la ficción. Comenzó con una víbora y hoy tiene una empresa, Zoofilms, que provee todo tipo de animales para cine, televisión y publicidad. Donado fue uno de los protagonistas de El perro (Carlos Sorín, 2004), donde hizo de sí mismo. En noviembre de 2004 contó su historia en una nota con Página/12.

-Carátula del vhs argentino (foto cortesía de RaroVHS).

Durante la filmación, los mayores problemas se generaron con una escena muy relevante para la historia. Se trata del intercambio de rehenes entre los malos. Un grupo entrega a Socas y el otro a Rapsel, un asqueroso e inteligente lagarto, mano derecha del personaje de Marín. Luego de varias idas y vueltas en medio de la desorientación del encargado de los efectos especiales, Chris Biggs, se decidió contratar a un enano y disfrazarlo para la ocasión. Broderick intentó disimular la pobreza técnica de la escena desde el montaje, con resultados poco felices.


Aunque Carradine aparece desganado (sobre todo en las escenas de lucha) y se abusa de los interiores poco luminosos, la película no es del todo mala y se deja ver. Está claro que con otro presupuesto el mismo elenco artístico y técnico habría logrado algo mucho más digno.

El león que no pudo volar


La filmación de la tercera película de Corman en el país comenzó mal: un ríspido incidente entre el protagonista Bo Svenson [6] y el director estadounidense Alan Holled terminó con el despido de este último. Héctor Olivera quedó entonces al frente de El mago del reino perdido (Wizards of the Lost Kingdom, 1984) editada aquí por Interfilms Video Home S.A doblada al castellano (en España salió como Los hechiceros del reino perdido). Dijo el director hace unos años en Página/12: "Tuve que hacerme cargo de un día para el otro, prácticamente sin haber leído el guión; a medida que iba filmando Américo Ortiz de Zárate -entonces mi asistente- me soplaba qué rol interpretaba cada uno de los actores".
El film comienza con un breve resumen de Deathstalker que incluye imágenes de aquella película. Pero no se trata de una secuela, porque la historia enseguida dispara para otro lado. A diferencia de las anteriores, que no ahorraban violencia (muy light, es cierto) y desnudos femeninos, esta producción está orientada hacia un público infantil.






Ed Naha [7], que luego trabajaría en el éxito de la Disney Querida, encogí a los niños (Honey, I Shrunk the Kids, Joe Johnston, 1989), escribió la historia. Simon (Vidal Peterson) es el hijo del mago del reino y está comprometido con una princesa. Cuando llegan los malos encabezados por Shurka (Thom Christopher) a derrocar al Rey Tylos y atacan a su padre él intenta escapar con un anillo mágico, pero lo olvida. En el bosque encuentra a Kor (Svenson), que lo ayudará a volver al castillo y recuperar su sortija y su reino.
El guión decía que Simon estaba acompañado por Gulfax, un león alado. Mientras esperaba que los encargados de los efectos especiales le trajeran, como habían prometido, al animal volador, Olivera filmó todo lo que pudo sin Gulfax. Pero un día no se pudo esperar más, y como Richard Lennox y Mike Jones no tenían al felino con alas hubo que improvisar algo. Con unas pieles blancas se creó el traje de una especie de Chewbacca rebozado en algodón.
Dentro se movió Edgardo Moreira, entonces esposo de Noemí Alan, que en los créditos aparece como Edward Morrow y también interpreta a Wulfrick, papá del joven mago.
Poco más para decir sobre los argentinos en esta película. Sólo aparecen tres habitués: Augusto Larreta como el Rey Tylos; María Socas como la perversa Acrasia, una mujer-insecto; y Marina Magalí (Mary Gale en los títulos) como la sirena Linnea, única que muestra un poco de piel en el film.


Se mencionó varias veces que, para abaratar costos, en estas producciones se reciclaron constantemente vestuarios, decorados y hasta escenas. En una de las escenas de lucha durante el climax del film se ve una batalla entre el león volador y una bruja. Esas tomas fueron realizadas originalmente para la película Los bárbaros (Sorceress, Jack Hill, 1982), una producción de Roger Corman filmada en México. Luego se reeditaron para el film dirigido por Olivera. Gran parte de los exteriores se rodaron en las cataratas del Iguazú y alrededores. Pero los escenarios naturales no aportan mucho. La película falla por todos lados, y tal vez su único mérito, dudoso por donde se lo mire, radique en que se convirtió en el video infantil más vendido de Gran Bretaña en 1984. Probablemente ese modesto éxito haya llevado a Corman a realizar una secuela, protagonizada por David Carradine (Wizards of the Lost Kingdom II de Charles B. Griffith, 1989). Pero esta segunda parte ya no se filmó en las pampas.

-Carátula del vhs argentino (foto cortesía de RaroVHS).

Olivera no guarda un buen recuerdo de la experiencia, como dijo en un reportaje con la revista Noticias: "Yo hice películas horribles, como Wizards of the Lost Kingdom, para Roger Corman, y no puse 'pichi pichi', puse mi nombre, porque yo soy lo que hice, bueno o malo". En el citado artículo de Página/12 fue aún más duro: "Creo que fue la peor película que hice en mi vida".
Quedan por ver cuatro de las producciones cormanianas en nuestro país. Y tratar de analizar qué aportes hizo esta experiencia a la industria cinematográfica argentina. Quedan, además, varias curiosidades: la potencia vaginal de una reina bárbara, los problemas con el inglés de una chica nerviosa ante Axl Rose y miles de personas, y una apuesta que sacó a Traci Lords del porno. Sí, todo esto está relacionado con Argentina. Porque el cine no sólo está hecho de superproducciones y grandes obras de arte, sino también de pequeñas historias.

Notas:

[1] Un metro sesenta, 85-60-90, Bárbara Benton enamoró a Hugh Hefner en 1969, cuando ella tenía 18 años y él, 42. Fueron pareja hasta 1979. José Pablo Feinmann conoció a la conejita y lo contó en una divertida columna publicada en Página/12 en 1999.
[2] El asunto de los pósters de las películas no es casual. El negocio de Corman era hacer films que más o menos se adecuaran a las condiciones de las distribuidoras menos exigentes de Estados Unidos. La venta de las películas se aseguraba antes de su realización, a partir de un par de afiches, por lo que luego los detalles de la historia y las condiciones de producción pasaban a un segundo plano.
[3] Los Estudios Baires de Don Torcuato fueron construidos en 1938 por Eduardo Bedoya, subdirector y administrador del diario Crítica. En sociedad con Natalio Botana, propietario del periódico, creó la empresa Baires Films S.R.L. La primera película que se rodó allí fue Ultimo refugio (1941), dirigida por el vienés John Reinhardt y protagonizada por Mecha Ortiz y Pedro López Lagar. Durante varios años fue uno de los estudios de filmación más importantes de América latina, y hoy debe estar entre los primeros de América del Sur. Repetto, sobrino de Bedoya, se integró al negocio en 1971. Parte de las instalaciones se incendiaron en junio de 1997, apenas unos días antes del comienzo de la filmación de Tango (Carlos Saura, 1998), lo que de todas maneras no impidió la realización de la película.
[4] Aunque nunca fue una estrella en Hollywood, David Carradine es el actor más importante que trajo Corman a Argentina. Curubeto cuenta en Babilonia Gaucha que a pesar de la mala fama previa se portó bastante bien durante su estadía. Abusó poco del alcohol y le agarró el gusto al mate. Incluso mantuvo la cordura cuando, alertados de la presencia del astro en Don Torcuato, varios fanáticos de las artes marciales se acercaron al lugar con la intención de proponerle, a veces de muy mal modo, una pelea, algo que nunca llegó a concretarse.
[5] Muchos argentinos aparecen en estas películas delante de las cámaras. La mayoría no figura en los créditos y tiene apariciones muy breves, por lo que resulta difícil identificarlos. Para peor los sitios IMDb y Cine Nacional no son del todo confiables: presentan diferencias entre sus fichas, además de algunos errores y omisiones. Por eso sólo se menciona a aquellos de los que se pudo comprobar su participación. Sin levantar el teléfono -algo que este bloguer ad honórem todavía no está dispuesto a hacer- no se puede avanzar mucho más en la búsqueda de certezas.
[6] El sueco Bo Svenson es un rubio de casi dos metros. Nació en Gotemburgo en 1944 y en su adolescencia emigró a Estados Unidos, donde se alistó en la marina. A fines de los sesenta comenzó a trabajar en televisión y luego en películas de escasa relevancia, como El carnaval de las águilas (The Great Waldo Pepper, George Roy Hill ,1975), junto a Robert Redford y Susan Sarandon. Su carrera nunca tuvo demasiado vuelo y hay poco para destacar: en los ochenta apareció junto a Chuck Norris y Lee Marvin en Fuerza Delta (The Delta Force, Menahem Golan, 1986) y en El guerrero solitario (Heartbreak Ridge, 1986), dirigida y protagonizada por Clint Eastwood. Probablemente lo más recordado de su carrera sea el reverendo Harmony de la segunda parte de Kill Bill (Quentin Tarantino, 2004)
[7] Ed Naha además de ser el editor de la revista de Sci-Fi Starlog en los 80 y luego de un breve paso en los comienzos de su revista hermana Fangoria, dedicado al cine de terror, fue el escritor encargado de realizar el guion final de una de las películas más exitosas de la productora Empire Internacional Pictures de Charles Band: el film Troll (1985) de John Carl Buechler. En 1989, en efecto, escribió con Stuart Gordon y Brian Yuzna el éxito infantil Querida encogí a los niños.

Culmina febrero y les traigo la segunda parte del informe sobre los films hechos por Roger Corman en Argentina, en este caso poseo estos tres films asi que su análisis se hacía muy pertinente; Para el mes que viene se termninará con la tercera y última entrega, pero antes tocará un nuevo capítulo sobre la historia de la productora The Cannon Group. Saludos para todos!!!

Federico

martes, 12 de febrero de 2013

Historia de The Cannon Group Inc. (1967-1993) Octava parte

Listado de algunas películas editadas por Media Home Entertainment (USA):









































-La Película Mannequin de la división británica Cannon Screen Entertainment también fue editada por Media Home Entertainment.

Continuamos en enero con más material de las ediciones en VHS de las películas Cannon en USA; a fin de mes seguiré con la segunda parte de la historia de los films que hizo Roger Corman en la Argentina, saludos a todos!!!

Federico

viernes, 25 de enero de 2013

Hollywood en Don Torcuato (Primera parte)

Por Andrés Fevrier (Periodísta y escritor del sitio Cinematófilos)

De cuando Roger Corman y sus B-movies invadieron Argentina.

Sería erróneo e injusto intentar trazar la historia del cine de la última mitad del siglo XX sin tener en cuenta a Roger Corman. Figura clave del cine de bajo presupuesto, productor hábil y director inteligente, este hombre nacido en Detroit en 1926 estuvo involucrado en casi 400 películas desde principios de los cincuenta hasta hoy.
















Corman fue, además, una especie de iniciador de una nueva camada de directores y actores. A su lado, no sin limitaciones, dieron los primeros pasos algunas de las figuras más importantes del cine estadounidense de los últimos cincuenta años. Francis Ford Coppola, Jack Nicholson, Martin Scorsese, Peter Bogdanovich, Joe Dante, Monte Hellman, John Sayles, Larry Cohen y James Cameron son sólo algunos de los que pasaron por su "escuela". Como director realizó varias obras interesantes, como sus adaptaciones de Edgar Allan Poe (con Vincent Price en los protagónicos) y, sobre todo, esa joya del humor negro que es La tiendita del horror (The Little Shop of Horrors, 1960). Y en su rol de distribuidor demostró ser un tipo con sensibilidad artística: fue el responsable de que se exhibieran en Estados Unidos algunas películas de Federico Fellini e Ingmar Bergman.
Primero en American International Pictures y luego con su propia productora, New Horizons Films (que fue cambiando de denominación según cuestiones legales y comerciales), Corman se movió siempre dentro del cine de bajo presupuesto, las denominadas películas clase B (B-movies) [1]. El título de su autobiografía, publicada en 1990, es muy claro en este sentido: How I Made a Hundred Movies in Hollywood and Never Lost a Dime (Cómo hice centenares de películas en Hollywood y nunca perdí un centavo).
El 5 de abril de 1956 -casualmente, el día en que Corman celebraba sus 30 años- Fernando Ayala y Héctor Olivera fundaron en Buenos Aires la productora Aries Cinematográfica Argentina. Casi tres décadas después, a principios de los ochenta, sus caminos se cruzaron: Corman y Aries sellaron una curiosa asociación entre 1982 y 1990 en donde coprodujeron diez películas de bajo presupuesto, de las cuales sólo una se estrenó comercialmente en los cines porteños.
Así, veinte años después de la última producción estadounidense filmada en Argentina (Taras Bulba, de J. Lee Thompson, en 1962) los yanquis volvían a las pampas, aunque esta vez con una iniciativa ajena a Hollywood. Se trata de una historia poco conocida y de la que no existen muchos datos en Internet, menos aún en castellano. A tal punto que la usualmente infalible Internet Movie Database (IMDb) presenta varios errores e imprecisiones [2].

Espadas y brujerías


























La mayoría de las realizaciones de Corman en Argentina intentaban aprovechar el éxito de Conan, el bárbaro (Conan the Barbarian, John Milius, 1982), superproducción de Dino De Laurentiis y la Universal Pictures, con Arnold Schwarzenegger en su primer papel importante y algunos secundarios de prestigio (James Earl Jones, Max von Sydow). Se trata de un subgénero que en Estados Unidos denominan Sword and Sorcery (literalmente, espada y brujería). Pero aquí, en el tercer mundo, el asunto era bien diferente.
En general se seguía una misma regla de producción: la filmación se realizaba en Buenos Aires y alrededores (muchos de los decorados se armaban en los Estudios Baires, en Don Torcuato, y los exteriores se filmaban en los bosques de Ezeiza); los protagónicos estaban en manos de actores estadounidenses y los argentinos ocupaban papeles secundarios y marginales; y a excepción de los puestos clave, la mayoría de los técnicos eran argentinos, aunque muchos aparecían con seudónimo en los créditos. El propio Olivera dirigió cinco de los films, y un par estuvieron a cargo de otro argentino, Alejandro Sessa, que hasta entonces sólo tenía experiencia como productor y fue clave para que Corman llegue a Argentina. Del resto se ocuparon directores estadounidenses.
En mayo de 2001, en una entrevista con el diario La Nación, Olivera se refirió brevemente a aquella experiencia. "Soy absolutamente responsable de mis actos. Reconozco haber hecho bodrios en mi vida como director. Como las películas de encargo de Roger Corman, que eran imprescindibles para mantener abiertos los estudios (...) Nunca filmé con seudónimo...", dijo. Durante los años en que se mantuvo el acuerdo con Corman, Aries alternó entre producciones serias y con ciertas pretensiones, como La noche de los lápices (Olivera, 1986) y El año del conejo (Ayala, 1987), e iniciativas puramente comerciales, sin inquietudes artísticas, como las protagonizadas por Alberto Olmedo y Jorge Porcel: Los reyes del sablazo (Enrique Carreras, 1984), El Manosanta está cargado (Hugo Sofovich, 1987) y Atracción Peculiar (Carreras, 1988), entre otras.
Los motivos de esta extraña asociación, que probablemente no cuente con antecedentes similares en el país, fueron estrictamente económicos. "Eran tiempos de una Argentina barata, de costos de producción muy bajos. El salario de un extra equivalía a tres dólares y Corman no podía desaprovechar esta nueva posibilidad", escribió Olivera en una columna de opinión publicada en Página/12 en 1993.
Corman, que venía de trabajar con varios inconvenientes en Italia, México y Filipinas, realizaba films por unos pocos dólares que luego explotaba comercialmente en Estados Unidos, primero en cines (si llegaban a estrenarse) y luego en VHS, que ya contaba con un mercado más que interesante. Las condiciones de trabajo de los técnicos locales, como
puede suponerse, no fueron las mejores, aunque en conjunto las realizaciones significaron una buena experiencia y una fuente de trabajo con bastante continuidad.





















Portada de Cocaine Wars editada en VHS por Media Home Entertainment en USA.

El propio Corman habló del tema en 2002, cuando vino a participar del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, también en un reportaje con La Nación. En ese momento se refirió de la posibilidad de reeditar el acuerdo con Aries, lo que finalmente no prosperó. "Ahora que la situación cambiaria es ventajosa y teniendo en cuenta la excelente calidad de los técnicos argentinos es posible que retomemos ese esquema de coproducciones. Las cinco o seis que hicimos juntos durante los años ochenta y comienzos de los noventa tuvieron mucho éxito en Estados Unidos y hasta se estrenaron en salas, algo imposible en el contexto actual en el que este tipo de films se hacen directamente para televisión y el video hogareño". Y agregó: "Una de esas películas que rodamos aquí con Héctor, Deathstalker Stoker (sic), se convirtió en un film venerado por algunos cinéfilos y hace poco figuró entre los 50 mejores exponentes del cine de clase B en una importante encuesta realizada en Internet".
Ningún cinéfilo en sus cabales podría venerar seriamente las películas de la factoría Corman-Olivera. Son cutres, como dirían en España: producciones descuidadas, de mala calidad, con guiones flojos y actuaciones irrisorias. Los personajes tienen menos profundidad que el ataque de Instituto. No resisten el menor análisis, sobre todo la saga de sword and sorcery que comenzó en 1983 con El cazador de la muerte (Deathstalker), dirigida por el californiano James Sbardellati.

Tres policiales

La lista de técnicos argentinos involucrados en estas producciones es extensa. En algunas el vestuario estuvo a cargo de María Julia Bertotto, hija de la actriz María del Río y esposa de José Pablo Feinmann. En cuatro films se encargó de la música Oscar Cardozo Ocampo, muerto trágicamente en un accidente de autos en julio de 2001. Frecuentemente el director de fotografía era Leonardo Rodríguez Solís. Y siguen las firmas.



Feinmann también fue de la partida y trabajó en los guiones de dos películas, ambas dirigidas por Olivera y que fueron directamente al video, tanto aquí como en Estados Unidos [3]. La primera fue Matar es morir un poco (Two to Tango, 1988), basada en su novela Últimos días de la víctima, aunque ampliamente reescrita por la guionista estadounidense Yolande Finch. El actor de series de TV Don Stroud interpreta al asesino a sueldo James Conrad que encarnaba Federico Luppi en la excelente versión de Adolfo Aristarain [4]; La brasileña Adrienne Sachs hace de Cecilia Lorca (el papel de Soledad Silveyra en la versión original), Michael Cavanaugh como Dean Boyle (el Funes de Ulises Dumont) y nuestro Duilio Marzio hace del contratante de Conrad Paulino Velasco. Nathán Pinzón se hizo cargo del efímero personaje de Julio de Grazia y también aparecen, en roles marginales, Pablo Novak y Adriana Salonia, entre otros argentinos.
En su libro Pasiones de celuloide Feinmann se refirió a este trabajo: "Últimos días de la víctima se filmó dos veces. Una de ellas permanecerá como una película bizarra hasta el extremo (lo bizarro de lo bizarro), con un guión perpetrado por una escritora yanqui enviada por Roger Corman, que sólo sabía decir en español “¡Entre!” para indicarles a los del servicio de confitería que sí, que podrían entrarle su té con masas a la habitación en que trabajábamos, con Héctor Olivera sin muchas ganas, yo desorientado y escribiendo para la próxima cuota y, en fin, salió una peli de la que hoy, Olivera y yo, al menos, nos reímos cálidamente, como de esas cosas que pasan en la vida, y que pasan de tal modo que todo está destinado a salir condenadamente mal”.


























Portada del VHS norteamericano

Luego el escritor puso su pluma para el argumento original de la última realización de la dupla Corman-Olivera: Play Murder for Me (1990). Aunque en las bases de datos de Internet figura como Negra medianoche, la edición local en video de Lucian Film salió con el literal Toca la muerte por mí. En el afiche destacan, arriba, los nombres de Rodolfo Ranni y Gerardo Romano, que en el momento del lanzamiento del VHS eran la parejita de la televisiva Zona de riesgo. Pero en realidad los protagonistas son Jack Wagner, que luego cobraría un poco de fama en la serie Melrose Place, y Tracy Scoggins, una modelo devenida actriz que tuvo su cuarto de hora en los ochenta como la hija de Charlton Heston en la serie Los Colbys (ramificación de Dinastía) pero nunca llegó a jugar en primera. También actúan el ignoto William Burns e Ivory Ocean, que años después tendría un papelito en Carretera perdida (Lost Highway, David Lynch, 1997).


La idea de la película, un policial con clima muy noir, no es mala. Pero fracasa en la ejecución y tiene algunas escenas patéticas. La historia transcurre en Buenos Aires, aunque hay muchos interiores y pocas imágenes de la ciudad. Roberto "Fast" Fernández interpretó parte de la música y Hermenegildo Sábat realizó algunos dibujos que aparecen en pantalla. Además de los mencionados, entre los argentinos integran el elenco Marcos Woinsky [5] y Selva Mayo. Y tiene una breve aparición, diálogo incluido, una chica que por entonces recién empezaba y ahora es una estrella en la farándula local: Araceli González [6].


Caratulas de las dos ediciones argentinas de Play Murder For Me.

Dentro de la mediocridad general -siendo benévolo con el adjetivo-, probablemente la más ambiciosa haya sido La muerte blanca (Cocaine Wars, 1985), dirigida por Olivera y basada en un argumento de David Viñas reescrito por el guionista Steve M. Krauser. De hecho, fue la única de estas coproducciones que se estrenó comercialmente en las salas porteñas, el jueves 1 de agosto de 1985, con una pompa excesiva para lo que fueron las críticas. Relata la historia de un agente de la DEA que se infiltra en la organización de un productor de cocaína de un país de América del Sur en el que planean dar un golpe de estado. Gran parte de los exteriores se filmaron en Salta y Jujuy.

 
El protagonista es John Schneider, el rubio de la serie Los duques de Hazzard y se destaca nada más ni nada menos que la participación del actor estadounidense Royal Dano. Aunque nunca fue una estrella en Hollywood, durante más de 40 años trabajó en casi doscientas realizaciones entre cine y televisión. Integró los elencos de varios westerns, muchas veces bajo las órdenes de célebres directores. De su extensa filmografía se pueden resaltar sus participaciones, siempre en roles secundarios, en Tierra y esperanza (Bend of the River, 1952), de Anthony Mann; Johnny Guitar (1954), de Nicholas Ray; ¿Quién mató a Harry? (The Trouble with Harry, 1955), de Alfred Hitchcock; Moby Dick (1956), de John Huston; El fugitivo Josey Wales (The Outlaw Josey Wales, 1976), de Clint Eastwood; Hammett (1982), de Wim Wenders; Los elegidos de la gloria (The Right Stuff, 1983), de Philip Kaufman; un par de episodios de la segunda temporada de Twin Peaks (1990), la serie de David Lynch; y La mitad siniestra (The Dark Half, 1993), de George A. Romero. Dano murió en mayo de 1994 en Los Angeles. Tenía 71 años. También actuaron Luppi, Ranni, Haydeé Padilla y Juan Vitali, entre otros locales. Para que se den una idea de la pobreza del film, uno de los trailers lo promocionaba con el latiguillo "The súper Duke is back".
Hasta aquí no se ha escrito casi nada de las películas de magos, espadas y mujeres con poca ropa en las que se centró la producción de Corman en Argentina. Allí está, sin dudas, lo más bizarro, berreta y divertido de toda esta historia, que incluye violentas escenas de celos, accidentes casi mortales y hasta un asesinato. A no desesperar: será el tema de una próxima entrada [7]. ■

Notas:

[1] El término clase B surgió originalmente en los años treinta y cuarenta para designar a las películas que acompañaban, en doble función, a producciones más importantes, de clase A. La premisa puede resumirse en una frase, atribuida a uno de los hermanos Warner: "No la quiero buena, la quiero el martes". Esto no necesariamente habla mal de las películas: en general los equipos eran muy profesionales, de excelente solvencia técnica. Corman, por ejemplo, filmó La tiendita del horror en apenas dos días y tres noches, con resultados notables. Con el tiempo y los cambios en la forma de producción, comercialización y exhibición de films en Estados Unidos, la definición de B-movie se fue desvirtuando: hoy se denomina así a cualquier película de bajo presupuesto.
[2] Las principales fuentes de este artículo, aunque no las únicas, fueron los libros Babilonia gaucha (Planeta, 1993) y Babilonia gaucha ataca de nuevo (Sudamericana, 1998), de Diego Curubeto, dos obras imprescindibles a las que se les dedicará una próxima entrada. De lo poco que hay en la web se puede consultar un artículo (en inglés) de Tamara L. Falicov, docente de cine y video de la Universidad de Kansas. Aunque algo tendencioso, cuenta con datos valiosos.
[3] Según Amazon.com, seis de las diez películas están editadas en DVD, aunque la mayoría figuran en el catálogo con la leyenda "Currently unavailable. We don't know when or if this item will be back in stock". ¿Cómo ver hoy estas curiosas producciones? Una de las grandes cuestiones de todo esto es cómo conseguir hoy estas películas. Conviene aclarar de entrada que no es sencillo: no esperen una retrospectiva en la Lugones ni encontrarlas en un Blockbuster. Las opciones, entonces, son pocas.
En Buenos Aires, se pueden recorrer los locales de compra y venta de películas de los alrededores de la esquina de Junín y Tucumán. Uno de los mejores es El Ciudadano (Junín 611, teléfono 4373-3939). Ahí conseguí una vieja edición en VHS de Toca la muerte por mí (Play Murder for Me, Héctor Olivera, 1990). Los otros dos policiales dirigidos por Olivera, La muerte blanca (Cocaine Wars, 1985) y Matar es morir un poco (Two to Tango, 1988), son figurítas difíciles. El escriba de los puntos suspensivos, un buen amigo, jura que el primero lo dan cada tanto en Volver. Le creemos.
En cuanto a la producción fantástica de Corman en nuestro país, los films Reina salvaje (Barbarian Queen, Héctor Olivera, 1985) fue editada en un Double Feature con Barbarian Queen II: The empress strikes back (1989), las cuatro de Deathstalker y El guerrero y la hechicera (The Warrior and the Sorceress) fueron editadas solas, aunque en unas ediciones muy limitadas en DVD. Las restantes se pueden descargar con el eMule. El problema es que las películas son habladas en inglés, y no hay subtítulos. Algunas se pueden encontrar en versiones dobladas al castellano. Las restantes películas que se pueden encontrar son: El mago del reino perdido (Wizards of the Lost Kingdom): doblada al castellano, Amazonas (Amazons): en inglés.
[4] Feinmann ostenta un curioso récord: su novela Ultimos días de la víctima fue adaptada tres veces para el cine. Primero Aristarain (1982), luego la mencionada coproducción de Olivera. Por último, el director francés Bruno Gantillon readaptó la historia en Cuba y filmó Les derniers jours de la victime (1995).
[5] Es llamativo el caso de Marcos Woinsky: trabajó en ocho de estas diez películas. Pero también participó de casi todas las coproducciones que se hicieron en la época, como Luna caliente (Roberto Denis, 1985), Tango desnudo (Naked Tango, Leonard Schrader, 1991), La peste (Luis Puenzo, 1992) y Evita (Alan Parker, 1996), entre otras.
[6] En YouTube se pueden ver la breve escena en la que aparece Araceli González y el trailer de la película.
[7] Aunque no es un gran hallazgo, juro que el título "Hollywood en Don Torcuato" es una ocurrencia propia. Pero luego de publicadas las primeras entradas descubrí que ya se había usado al menos dos veces. La primera, en una nota publicada por el periodista Horacio Fernández en la revista Somos del 4 de febrero de 1983. La segunda, en el artículo "Hollywood en Don Torcuato. Crónica de un rodaje", firmado por Víctor Sherman en el número 5 (1983) de la desaparecida revista Cine Libre, que dirigía Mario Sábato.

Hola!, aquí les traigo un post que me gustó mucho de Andrés Fevrier y que considero que vale la pena postarlo aquí por la rica información que posee, por suerte de estos films poseo Two to Tango asi que su análisis es pertinente; El mes que viene seguiré con más de Cannon y la segunda parte de esta entrega, nos vemos!
Federico